El ser desnaturalizado

Esta mañana, mientras desayunaba y hacía algo de zapping, pensaba en las largas horas de trabajo que tenía por delante. Quiso la casualidad que ese zapping me llevase a caer en un documental sobre la cabra montesa. En él se veían a dos personas en la alta montaña, estudiando los movimientos de un grupo de cabras. Y de repente, la paz me sobrevino.

Ese paisaje silencioso, de verdes tonalidades, donde lo más que se oía era el grito de un cabrón dominante (y me refiero a las cabras), me cautivó. De repente sentí paz. Me sentí de nuevo como en casa, como si el lugar apropiado fuera ese y no otro: la montaña. O, siendo un poco más abstractos, la naturaleza. Y es que, me dije, ¿a caso no es de ahí de donde venimos? donde estamos hechos para estar? No pude evitar llevarme (metafóricamente) las manos a la cabeza y reflexionar sobre lo que le hemos hecho al mundo y a nosotros mismos, como sociedad y como especie.

Y es que, a grandes rasgos, los seres humanos somos la única especie que ha renunciado a su naturaleza. Hemos olvidado quienes somos y de donde venimos. Hemos renunciado al hábitat en el cual evolucionamos y donde nos hicimos quienes somos. Hemos renunciado a vivir pisando la hierba y trepando montañas. A pararnos de vez en cuando y mirar al cielo. A ver las estrellas. Hemos renunciado a nuestro yo más primario. Al más natural.

La tecnología nos ha permitido olvidar los problemas más básicos de cualquier otro ser vivo, como el acceso a la comida y un refugio caliente donde dormir. Pero hemos creado nuevos problemas. El estrés. Las facturas. Vivir en modo automático, con un cerebro errante que no siente ni padece. Dedicar la mayor parte de nuestras vidas a trabajar para que otra persona sea rica. Vivir en bloques de cemento en medio de grandes urbes donde imaginas la naturaleza en los parques. Comer porquería creada por grandes corporaciones cuyo único objetivo es maximizar beneficios, frecuentemente a costa de nuestra salud.

Vivimos una realidad artificial que hemos aceptado como natural. Porque nos educaron para aceptarla. La mayoría del tiempo vivimos sin cuestionarnos por qué las cosas son como son y si podrían ser de otra manera. Simplemente nos limitamos a vivir. Un día más, y mañana otro. Y después otro, esperando al fin de semana, cuando por fin, por un breve espacio de tiempo, con suerte podremos ser nosotros mismos. Quizá saliendo a correr un rato, entrando en contacto con nuestro yo más primitivo, o quizá bebiendo como si no hubiera mañana para olvidar nuestra rutina, esa muerte silenciosa. Pero… ¿es esta nuestra realidad natural?

No. Para nada. Durante miles de años evolucionamos en las cuevas, en los bosques, en las montañas, en armonía con la naturaleza. Nos hicimos tal y como somos para sobrevivir a una existencia más sencilla. Estamos hechos para ver el Sol, la luna y las estrellas. Estamos hechos para movernos, para buscar nuestra propia comida y hacer nuestros propios refugios. Pero hace relativamente poco, muy poco, dejamos los bosques y nos agrupamos en aldeas. Y luego creamos las ciudades. Creamos esta sociedad en donde ya no nos preocupamos del calor o del frío. Ahora nos preocupamos de llegar a fin de mes, de pagar el alquiler y de tener dinero para ser felices de vez en cuando. Como bien dijeron en “El Club de la Lucha”, “tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos”. Esa es la gran desgracia de nuestra sociedad. El vivir de manera automática, repitiendo los mismos patrones que nuestros padres, porque nos enseñaron que la vida es esto. Estudiar, trabajar y sacar adelante unos hijos a los que educas para vivir tu misma realidad. Y a su vez, tus hijos le enseñarán a tus nietos lo mismo que tú les enseñaste a ellos con tu mejor intención.

Pero, con estas reflexiones no pretendo que nadie abandone su vida en la ciudad y se recoja en los bosques a vivir de bayas y frutos secos. No pretendo ni siquiera que lo dejéis todo y os mudéis a un pueblo a tener una vida más sencilla. No sería realista ni siquiera plantearlo. Solo me gustaría que, cuando los problemas se os agolpen en la puerta, cuando tengáis miedo porque vuestra vida en esta sociedad no está funcionando como os han dicho que ha de funcionar, os plantéis. Plantaos y recordad que todos los problemas que tanto os preocupan, en realidad no son nada. Son problemas artificiales que surgen de una realidad artificial. Tomémosnos las cosas de otra manera. Intentemos entrar en contacto con nuestro yo más primario más a menudo. Vamos a vivir, vamos a movernos, a ver los árboles, a caminar por los bosques. Démosle importancia a las cosas que tienen importancia. A ser felices con las cosas más sencillas. A ser más humanos.

6 comments

  1. Gran reflexión y reivindicacion, a mi entender, de buscar la sencillez y la simplicidad en las cosas que nos rodean. Aprender a relativizar es aprender a vivir descargado de una mochila inecesaria que a menudo pesa mucho. Me ha gustado Javi!

    1. Justo eso Alex, solo pretendo ayudar a abrir los ojos a aquellos que, sin quererlo, caemos en la rutina diaria sin pensar en si somos felices. Nos pasamos la vida soñando con una vida que no vivimos, cuando realmente no sería tan difícil vivirla. Creo que si estuviéramos más a menudo en contacto con nuestro yo natural, el más básico, seríamos inmensamente más felices de lo que somos. Un abrazo keniata 😀

  2. Javi, me ha encantado tu artículo. Me acabas de dejar muerta porque ayer mismo llegué a esas conclusiones. Como sabes, vivo en USA y ayer fui con nos amigos a un parque de atracciones. Me dejó en shock. Todo el mundo con el móvil en las colas – una pareja no se habló en una hora que hicimos cola, estaban todo el tiempo con el móvil-. La mayoría de que gente que vi era obesa, incluido niños… El parque, claro, solo ofrecía mierda: hamburguesa, pizza, perritos, etc. En el parque, y en USA en general, usan un montón de cosas desechables. Estaban todas las papeleras a rebosar de plástico y cartón… Al ver toda la basura pensé: si se genera todo esta cantidad de basura en un día en un parque de atracciones, no me quiero imaginar en el mundo… Muchos iban con unas cantimploras de plástico que podían rellenar las veces que quisieran de coca-cola (por $30, drink all you want). Intenté disfrutar del parque pero el panorama era desolador… Y lo más triste de todo es que estoy convencida que en todo el parque yo fui la única o de las pocas personas que veía todo eso, que lo analizaba y se entristecía, el resto van con el piloto automático y sin cuestionarse por qué hacen lo que hacen. Muy triste…

    Este verano estuve en Guatemala y hacía tiempo que no me sentía tan humana… Apenas tenía comodiades, estuve en contacto con la naturaleza, ayudé en un colegio con niños…. Era todo muy humano, básicamente retomé el contacto conmigo misma. Este verano vuelvo o voy a otro sitio… no lo sé, pero mi válvula de escape para salir de este mundo de mierda es el verano cuando puedo elegir qué hacer y a dónde ir. Como en Hawai, ¿te acuerdas? Me sentí/Nos sentimos taan en contacto con la naturaleza que te hacía revivir. Es muy triste que haya que “hacer escapadas” para enocontrar un poquito de naturaleza o de humanidad. En mi caso, viviendo en USA, ojalá pudiera tener eso en mi día a día, pero es imposible. A veces me siento un bicho raro viviendo en una socidad como la yankee, tan deshumanizada y materialista…

    1. Me ha encantado tu comentario Laura, veo que estamos completamente alineados en este aspecto. Es justo lo que siento cientos de veces. A veces miro a mi alrededor y me horrorizo de la vida que vivimos. Coches, carreteras, television, comida basura, estrés… ya ni siquiera nos comunicamos de tú a tú. A veces la gente se tiene delante unos a otros y prefieren pasar el tiempo comunicándose via móvil con quien tienen a 50 kms. Y es una desgracia que la gran mayoría de personas nunca se paran y piensan “un momento, qué estoy haciendo con mi vida?”. Simplemente se dedican a vivir en modo automático: dormir, trabajar, comer, dormir, trabajar, comer… No es mucha la gente que, como nosotros, reflexiona y se plantea, desde dentro del sistema, si no nos habremos equivocado en muchas cosas.

      Como bien has dicho, solo hace falta darse una vuelta por países considerados “del tercer mundo” para darse cuenta de lo pobres que somos. Tenemos comida, tenemos agua limpia, tenemos tecnología y sistemas sanitarios. Tenemos muchas comodidades y podemos vivir hasta los 80 años. Pero la mayoria de esos años los pasaremos encadenados a la pata de una mesa, haciendo dinero para otra persona que nunca conceremos y por descontado nunca nos lo agradecerá. No vivimos, no vibramos, no estamos en contacto con la naturaleza, con nuestros instintos. Ciertamente no hace falta tanto para vivir. No necesitamos mil gadgets par ser felices. Solo nos necesitamos a nosotros y al mundo. Pero, y lo bien que les va a las grandes empresas que no nos demos cuenta de ello?

      Tampoco sería realista pensar, ni siquiera plantear, que todos abandonemos esta sociedad y demos un paso atrás para vivir de otra manera. Los cambios no vienen así. Pero sí que podemos reflexionar e intentar vivir otra vida más plena. Otra vida en la que nosotros seamos los protagonistas, y no un simple figurante a las órdenes de los grandes poderes que necesitan mano de obra. No creo que viniésemos al mundo para nada en concreto, pero al menos seguro que no vinimos para esto.

    1. Gracias Parra, a veces me desconsuela descubrir que siento ganas de llorar de ver las montañas por la tele. No debería ser así. Creo que no deberíamos llegar nunca a un punto en nuestras vidas en que nos ponen delante un recuerdo de nuestra infancia o la imagen de un río y nos sintamos desconsolados. A mi modo de entender eso significa que hemos olvidado nuestra inocencia y nuestra condición de humanos. Nos hemos dejado llevar por las responsabilidades de la vida y hemos hecho nuestros unos problemas que, en su gran mayoría, son de otros. Un abrazo tío, me ha encantado verte otra vez 🙂

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